09/11/2014 - EXPLORANDO KANAZAWA

Un nuevo día amanece en tierras lejanas. El sol entra tímidamente por la ventana del ryokan y junto al molesto sonido del despertador hace que nos tengamos que levantar. Son las 7:30 de la mañana y tenemos el desayuno típico japonés programado para las 8:00. Para quien no lo sepa un desayuno de estas características se compone de los siguiente elementos; un pequeño pedazo de merluza, un gigantesca bol de arroz, una especie de tortilla francesa un poco cruda con queso por dentro y puesta a modo de rollito, un caldo posiblemente de pollo y un té. Además te colocan al lado unas algas nori para que intentes montarlas en el arroz usando los palillos.

Menos misterios culinarios y mas pateo de la ciudad. Por recomendación expresa de nuestras amigos de Lonely Planet decidimos que lo primero que vamos a hacer es ir al parque de Kenrokumachi, uno de los cuatro mejores jardines de todo Japón.  Allí doblan las ramas y las atan con unas cuerdas a unos maderos clavados al suelo para darles formas; y las que son muy finas las sujetan con unas cuerdas a unos soportes altos pareciendo que se trate de una especie de sombrilla. Esperan a que la rama crezca y cuando ya ha cogido fuerza lo quitan y ya tienen su árbol con ramas chungas. Toda una maravilla para presumir ante los amigos. El parque en sí es una maravilla como podréis ver en las fotos. Supuestamente su nombre significa algo como la conjunción perfecta de todos los elementos que debe tener un parque y en el orden y posición que tienen que estar. Lo cierto es que todo esta cuidado hasta el extremo; hasta el punto de que hemos visto a varias personas barriendo un suelo de tierra o recogiendo hojas una a una.

Después de visitar el jardín a comenzado a chisporrotear de nuevo y nos hemos visto obligados a hacernos con unos paraguas que gentilmente nos ha prestado el alojamiento. Son super molonguis; transparentes para que puedas ver a través de ellos y que no te puedas sacar un moquete sin que te vean. Enseguida hemos ido a visitar el castillo de Kanazawa... o la reconstrucción que están haciendo del mismo porque se quemó hace doscientos años. Debió de ser algo como... a que no hay huevos a apagar de una pedrada aquella vela, y claro; pasa lo que pasa. De allí no pongo fotos porque sinceramente era una llanura donde antes había jardines y casetas y una puerta cubierta de maderas y lonas porque la estaban reconstruyendo. Eso si, un paseo muy bonito y unos miradores espectaculares en donde antes estaban las torres de vigilancia.

Hemos mirado el reloj y todavía era pronto así que como tenemos tiempo nos vamos dando un paseo hasta el barrio de los samurais. Era donde antiguamente se alojaban estos tipos, defensores del señor feudal del momento. Puede que algunos elementos de la fotografía os parezcan un poco fuera de lugar... pero seguro que son cosas vuestras. La zona no dejaban de ser un par de calles con unas casitas muy chulas en las que no se podía entrar porque dentro vivía gente; y aquí no es costumbre entrar en casas de otros (ya sabéis que son muy respetuosos)

Se nos ha hecho la hora de comer, y para hoy ya teníamos localizado un sitio de sushi que prometía bastante. Hemos tenido que hacer diez o doce minutos de fila y nos han llevado a nuestra mesa. Hemos pedido mediante una tablet y en menos de quince minutos teníamos probablemente el pescado más fresco que hemos comido en nuestra vida. No olvidemos que Kanazawa además de tener zona de montaña es una ciudad costera ;) En cuanto hemos terminado nos hemos marchado a dormir un poco la siesta antes de ir al distrito de las geishas.

Otra gran pequeña zona consistente en una calle y alguna bocacalle; eso sí llenas de tiendas de objetos hechos con pan de oro, que por lo visto es la especialidad de la ciudad y debe ser bastante reconocida en el mundillo. Además hay un espectáculo con geishas que preparan el té y bailan y otras cosas que deben superchulas pero que solo lo hacen una vez a la semana y hoy no tocaba. Paseamos un poco más y vemos un par de pequeños templos que hay cerca y nos damos media vuelta para cenar. 

Nos ponemos a dar volteretas buscando un sitio que esté a la altura del de ayer pero no encontramos nada... hoy nos apetecen noodles, pero parece que aquí no hay sitios para tomarlos o no los encontramos, así que nos vamos al mismo sitio que ayer y pedimos diferentes cosillas que resultan estar igual de buena que las ya probadas. Además nos reconocen y se alegran mucho al vernos. Al finalizar la comida y como regalo nos dan a cada uno ¡¡ Una mandarina !! Lejos de lo vanal que puede parecer a nosotros nos sabe a gloria ya que llevamos desde que llegamos sin tomar una pieza de fruta (es bastante cara) y nos vamos con una sonrisa después de un poco de charrada en inglés con la hija del dueño.

Parecerá típico pero al llegar al hotel nos tomamos un té mientras hablamos con nuestros padres por skype y seguidamente nos metemos una buena sesión de baños relajantes. Y bueno, eso es todo por hoy. Mañana nos vamos a Takayama; nuestro último punto en la ruta de los Alpes de Japón. Allí dormiremos en un templo budista, por lo que no sabremos si tendremos wifi o no. Si vemos que no lo hay haremos la entrada del blog en cuanto podamos.

Hasta entonces... sed buenos ;)

Entrada de un templo en el barrio de las geishas


Jardín de unas de las casas en el barrio de los Samurais

Parque de Kenrokumachi

Parque de Kenrokumachi

Parque de Kenrokumachi

Parque de Kenrokumachi

Charly y su paragüas en el barrio de las geishas

Encontrad el objeto fuera de lugar

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