07/11/2014 - MATSUMOTO

Y dejamos el hotel de Tokio ya de forma definitiva para meternos en un nuevo tren como ya es costumbre todas las mañanas. Esta vez tenemos por delante tres horitas en un tren como mandan los cánones. Sentadicos y con servicio de cafés y galletas.

El viaje no se hace largo, las vistas son bonitas y el ir y venir de gente constante. Mencionar como curiosidad que hay unos cuantos vagones que catalogan como "reserved" donde tienes que pagar un plus por tener un asiento reservado y otros "non-reserved" donde no hace falta reservas... pero como le ha pasado a algunos pasajeros en estaciones posteriores a la nuestra han tenido que ir de pié por no tener sitio.

Llegada a Matsumoto; Matsumoto es un pueblecito pequeño, situado en las puertas de los Alpes Japoneses y con un castillo que está dentro de las cuatro edificaciones consideradas como tesoros nacionales de Japón. Ya se nota que hace más fresquete y tenemos que sacar la ropa de abrigo en lugar de chaquetas y manga corta.


Paseamos por sus calles al principio un poco liosas pero luego bastante cuadricaladas y encontramos el ryokan. Se trata de un lugar de ensueño. Una habitación bastante grande de estilo japonés. Con dos futones amplios, su televisión, una mesita para tomer té con un termo y un juego de té y una pequeá terraza cubierta para dejar las maletas y la ropa. Además tenemos unos baños comunitarios y un onsen... que no deja de ser un mini balneario dentro del hotel.

Una vez instalados y después de una revitalizante taza de té, nos encaminamos a ver el castillo. Pasamos unos puentes y unas tiendas en donde vemos algo que hemos leído típico del lugar. Una especie de gofres con forma de carpa y rellenos de diferentes movidillas. Esta vez no arriesgamos y tiramos por uno relleno de curry y otro de queso. Muy buenos.

Llegamos a la entrada del castillo y nos fijamos en que hay un pequeño puesto en donde parece indicar que hay visitas guiadas particulares y gratuitas. Un hombre nos mira, asiente y nos dice... "Free free, it´s free". Ajáaa para allí que vamos.
El hombre muy majete nos indica que se trata de una asociación de voluntarios que enseñan el lugar por gusto. Así que junto a él nos adentramos en el castillo. Se trata de algo increíble. Cinco plantas más una (ya os contaremos) y unos bonitos jardines. El castillo en su totalidad es de madera y os puedo asegurar que las fotos lo desmerecen.

La visita nos lleva alrededor de una horita, luego damos un paseo por los jardines y nos sentamos en un banco a descansar las rodillas (vaya escalones tenía el castillito). Hoy parece que en la escuela tocaba oficios ya que estaba el parque a la salida lleno de niños barriendo... o eso, o era explotación infantil de la buena; sea como sea hacían su trabajo mejor de lo esperado sin duda.

Nos vamos a comer a un sitio que encontramos de camino de vuelta al ryokan, jazz de fondo y chaplin en la televisión. Lejos de meternos una buena clavada nos cobran 7,5 eurillos por cabeza y nos vamos más bien comidos que para qué.

Es la hora de tomar un relaxin cup of tea y al onsen... o al revés. Bueno, nos metemos y ooooo, dulces aguas cálidas de las montañas japonesas liberan nuestras mentes y relajan nuestros músculos. Maravilloso. Media horita si llega y a la habitación enfundados en nuestros kimonos de descanso. Cerramos un poco los ojos y dejamos que el ambiente nos sobrecoja, que la luz de buda penetre en nuestras mentes y abra nuestros espíritus a la solemnidad del lugar. (Vaya poeta). Tras breve meditación, nos tomamos oootra tacita de té para ir como motos y nos vamos a cenar. Esta vez algo normal, ni la leche de bueno ni tampoco malo. Estandar. Y como remate una última visita al castillo para una foto de noche, que se gastan su dinero en iluminarlo como para hacerles el feo y no pasarse.

Ya con el día finiquitado y dando un paseo vemos por la ventana de un segundo piso lo que parece un garito todo zen lleno de botellas y nos metemos un macallan de 10 años servidor y un coctel raruno con movidas chungas y bolitas transparentes de flipar que según Almar esta muy cojonudo.

En fin, tras eso (que si que nos cuesta carete) decidimos volver al ryokan a domir en nuetros futones molonguis. Mañana toca oootro madrugón, pero esta vez a donde vamos nos quedamos dos dos días, nuestro destino es...





Fotos variadas para amenizar vuestros días aburridos e insípidos :) Besitoooos.

Auténtica maestra ya, Almar prepara un té reconstituyente

Samurai casual y geisha de temporada en la entrada del castillo 

Bonitas vistas del castillo por la noche

Una tienda libros usados en mitad de edificios de viviendas.
(Futura sede de libros a tu medida*)

--------------------------------
*Para más información pasar por www.librosatumedida.com


Comments (0)